- Estando
muerto….
No me lo puedo creer. Después de todo
muero sola. Y de la manera más absurda. Yo que siempre he tenido pánico a los
cuchillos, agujas y a las navajas, muero desangrada. Que ironía. Lo mismo es
por eso que no me gustaban y las temía. Que el destino me decía que las
evitara.
Nunca pensé que moriría joven pero así
ha sido. Tiene gracia que mi casa esté siempre llena de gente y justo hoy que
me muero se hayan ido todos. Y ni siquiera llaman para ver que tal estoy o para
decir que han llegado bien. No los voy a volver a ver… ahora es cuando valoras
a la gente que quieres. Y mi pobre abuela con los disgustos que se pilla por
todo… que malita se va a poner. Lo mismo se muere también. Porque mamá y papá
yo creo que lo superarán, y Laura también…
Ojala pudiera despedirme de todos, de
mis amigos, mi familia y mi novio. Ahora que estábamos tan bien juntos…me
muero. ¡Qué mala suerte!
Realmente no se está mal, no me duele
nada y se está bastante a gusto. Aunque pensar en estar así toda la eternidad me
agobia un poco. Espero que por lo menos pueda hablar con alguien, porque si no…
se me va a hacer insoportable estar toda esta eternidad sola.
2. Mi
lugar ideal…
Luminoso y solitario en medio del
campo. Rodeado de una clara, suave y tersa vegetación, verdes y profundos
árboles, rugosos y ásperos arbustos y perfumadas flores. Con vistas a la
esponjosa nieve de la fría sierra, que frena los heladores vientos del norte.
Envuelto todo ello de olorosas viñas y apetitosos huertos cultivados por
andrajosos lugareños que no dudan en ofrecer sus sabrosos manjares cuando pueden.
Al sulfuroso mariscal nunca le gustó
esto. Siempre fue un hombre desaborido y seco. Creo que por eso a mi me gusta
tanto. No me satisfacía estar con él. Ya
que me ensombrecía el alma y me hundía
en el más profundo desazón.
Que el brillante sol me caliente la
cara y los frescos vientos me templen el cuerpo. Que en la oscura noche el mudo
silencio envuelva la exquisita pradera. Y que en la resplandeciente mañana el
ronco sonido de los insatisfechos animales me acompañe.
Todo esto hace que entre todos los
lugares tangibles del mundo elija este. Y que si un sombrío día me encuentro
apagada pensaré en este radiante lugar, lleno de lúcida vida y de ondulada
tranquilidad.
3. El
profesor ideal…
Es complicado pensar en un profesor
ideal. El mio es el profesor en el que me gustaría convertirme. Un profesor
atento con sus alumnos, que no sea excesivamente permisivo pero que los alumnos
se encuentren a gusto en sus clases.
Que los alumnos tengas ganas de aprender
porque el profesor se divierte en su trabajo y les transmite calma y un buen
ambiente de trabajo. Por supuesto que sea capaz de transmitir y afianzar en sus
alumnos los conocimientos y conceptos que necesitan, pero también que les
transfiera valores, tan necesarios hoy en día en nuestra sociedad.