Cuando Pedro y Carla me dijeron que
querían ver el Museo del Prado, no me pareció buena idea. Ni a mí ni a Sergio, nosotros
preferíamos ir a jugar al fútbol o al cine, pero ellos se empeñaron. Dijeron
que ya que estábamos en Barcelona, debíamos visitarlo.
Era un día caluroso en pleno Enero, y
no había nadie por la calle. El calor era insoportable y para colmo, nos
perdimos y dimos vueltas por todo Barcelona hasta que por fin llegamos.
La entrada al museo era grande y decorada
con esculturas de mujeres, en ella se aglomeraba la gente para salir del museo.
Como ya os podéis imaginar llegamos muy tarde y estaban casi cerrando. Nos
dirigimos a la sala de la derecha en la que se encontraban los cuadros de artistas
españoles como Goya o Sorolla. Pero Pedro quería ver las Meninas del Greco. Así
que subimos a la planta de arriba.
Nuestra sorpresa fue mayúscula, cuando
al subir vimos que el cuadro de las Meninas había desaparecido. En su lugar
encontramos una nota sesgada junto a un charco de un humor amarillento. Los cuatro nos miramos sin saber que hacer, alguno debía de acercarse y leer el contenido de la nota...

